miércoles, 7 de noviembre de 2012

Gaviota "acaspicada"

Me ha mandado Xabi Varela una serie de fotos de una gaviota muy curiosa en Galicia. Pertenece a ese grupo de gaviotas "sospechosamente parecidas a cáspicas", que hemos convenido en denominar gaviotas "acaspicadas". 

En muchos casos, se tratará de patiamarillas con un patrón de plumaje atípico. En otros, podría tratarse perfectamente de cachinnans en el límite de su variabilidad. ¿Por qué no? Conocemos muy poco sobre la variabilidad de cachinnans y otros taxones orientales, incluida la patiamarilla oriental, un auténtico puzzle de rasgos comunes con otros taxones (cachinnans y barabensis, especialmente)


Como véis, el aspecto es harto extraño. Salta a la vista entre un grupo de lusitanius y fuscus. Lo primero que llama la atención es el tono predominante en las nuevas escpulares, uniformemente grises con centros oscuros de extensión variable. En general, el negro es escaso, por lo que las escapulares parecen de un gris uniforme.

Otros rasgos a tener en cuenta:
  •  "doble banda" clarita formada por el margen distal de grandes y medianas coberteras, en el contexto de un panel donde predominan los tonos marrones oscuros uniformes. 
  • terciarias casi planas, sin muescas, excepto el borde distal, donde existe cierto desgaste.
  • estructura rechoncha y robusta. Patas de longitud normal.
  • Visible "antifaz" en torno al ojo.
  • Pico de longitud normal, bicolor. 


Arriba, pueden atisbarse las rectrices. Su patrón es perfectamente compatible con michahellis y cachinnans.




Por último, abajo, las infracoberteras alares son oscuras, si bien las plumas tienen un tono pastel diluido que es extraño para una michahellis típica. 


Este tipo de gaviotas aparecen todos los inviernos en la península, tanto en zonas costeras como en el interior. Su identificación resulta dificultosa, en particular hasta que no conozcamos bien donde están los límites interespecíficos del género Larus. 

Quizás no deberíamos complicarnos, y apuntarlas como michahellis, sin más. Pero entonces le restaríamos ese gran aliciente que tiene el mundo de las gaviotas, y que lo hace aún más apasionante si cabe: su dificultad.